Ayudarnos a reconocer que Cristo está presente
Queridos amigos:
Siguiendo la indicación de nuestro Pastor Benedicto XVI, abro este blog para compartir con todas las personas de buena voluntad, la impresiones sobre la vida y la realidad que me tocan enfrentar todos los días, como les pasa a ustedes.
Sin embargo, como sacerdote de Jesucristo he sido puesto por el Señor en este camino, para acompañar, pastorear y ayudar el pueblo de Dios a reconocer los rasgos inconfundibles de la Presencia de Cristo que llena nuestro corazón.
Viviendo la vida que nos toca a cada uno, abrazamos esta Presencia amorosa de Dios, que como compañero de camino, nos abraza sacramentalmente en cada hecho de la realidad que transitamos. Por eso, este blog tiene por finalidad sostenernos en la esperanza, porque ayudándonos a reconocer a Cristo en todo lo que vivimos, encaramos la vida con alegría y con la potencia que la Presencia del Señor infunde en nuestra vida cuando se manifiesta y nosotros lo reconocemos.
Sólo así se puede caminar con esperanza, aimentados por la certeza de su Presencia permanente, activa y eficaz.
Por eso, este blog es un llamado a la libertad, a involucrar nuestra libertad en la iniciativa de salir al encuentro de Cristo, porque sin Él no podemos hacer nada, pero de la misma manera, si no ponemos en juego nuestra humanidad, Él tampoco puede hacer nada . Por eso, poniendo en juego toda nuestra humanidad frente a Cristo, no sólo no tenemos nada que temer, sino que la vida se vuelve un camino a disfrutar, colmado de la leticia (alegría cristiana) que inunda nuestro corazón de la posesión de lo único que lo llena: Cristo.
¡Que el Señor nos llene el corazón!
El dìa domingo leì un artìculo muy pequeño en el diario La Nueva Provincia, sobre el discurso de nuestro Papa en el dìa mundial de las comunicaciones; en el cual con la frase-"Por el amor de Dios ¡escriban en un blog!, les pedìa a los sacerdotes que usen internet.
ResponderEliminarMe alegra muchisimo encontrar este espacio evangelizador donde Cristo pueda iluminar nuestra "realidad" (su palabra preferida padre).Bendiciones y felicitaciones y que oportuno el Evangelio de hoy " La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos"
Muy acertada la decision de nuestro Padre de utilizar este medio para tener de una manera mas a nuestro Señor Jesucristo. Estoy lleno de espectativas ya que podre leer y reflexionar de cada tema relacionada con la vida cristiana, como asi tambien la vida en sociedad. Mis saludos Padre Walter
ResponderEliminarUna de las experiencias mas sublimes de la vida, es cuando estamos atravesando una situación que nos deja perplejos, pero sin embargo conseguimos vislumbrar detrás de esa escena la Presencia que conduce todo para bien, y que es fiel en acompañarnos a lo largo del camino terrenal.
ResponderEliminarEntonces, al mismo tiempo que podemos decír "¡es el Señor!", todo el panorama cobra una nueva perspectiva y se renuevan nuestras fuerzas.
V Domingo del Tiempo Ordinario.
ResponderEliminarRECONOCER EL PECADO
El relato de "la pesca milagrosa" en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero sólo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.
Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él:«Apoyado en tu palabra, echaré las redes».
Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice:«Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce ante todos su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.
Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.
¿Por qué la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversión? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extrañar que en ella haya pecado. La Iglesia es "santa" porque vive animada por el Espíritu Santo de Jesús, pero es "pecadora" porque no pocas veces se resiste a ese Espíritu y se aleja del evangelio. El pecado está en los creyentes y en las instituciones; en la jerarquía y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversión.
Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinámica de conversión y renovación. Por otra parte, ¿no es más evangélica una Iglesia frágil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institución empeñada inútilmente en ocultar al mundo sus miserias? ¿ No son más creíbles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometiéndose a una vida cada vez más evangélica?¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies Jesús?
José Antonio Pagola
7 de febrero de 2010
5 Tiempo ordinario (C)
Lo que prevalece es el desborde de lo divino que todo lo invade. Es la presencia magnífica y real de Dios lo que llena estupor a Pedro. Hay algo que está antes del reconocimiento del pecado: la manifestación gratuita y amorosa de Dios en la carne de Cristo. Un abrazo
ResponderEliminarTal cual lo veo, querido Padre Walter. "Nosotros amamos porque Dios nos amó primero". Podemos hablar de una u otra cosa dependiendo del punto en el que nos paremos, sobre el segmento de la gracia de Dios. Pero ambas cosas constituyen una unidad.
ResponderEliminarCt.27 El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, proque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y solo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar.
La razón mas alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento: pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador (GS 19,11).
14/02/10 VI Domingo del Tiempo Ordinario C
ResponderEliminarEl evangelio del próximo domingo nos sorprende de nuevo con las Bienaventuranzas.
Encontrar la dicha en momentos difíciles, dolorosos, tristes y complicados es una invitación que realmente nos sorprende. Y es también una llamada a la esperanza y a buscar la felicidad en lo cotidiano que vivimos, también escondida en las lágrimas y en los malos entendidos.
Será entonces cuando seremos capaces de acompañar y de alentar a otros en su sufrimiento, de transmitir la esperanza de quien se sabe feliz más allá de lo que acontece, y también con ello, porque sabe en Quien pone su confianza (Jer 17, 5-8).
Miércoles 17 de Febrero de 2010.
ResponderEliminarMIÉRCOLES DE CENIZA.
Este miércoles comenzamos el camino de la Cuaresma, que nos quiere hacer conscientes, a lo largo de cuarenta días, de la certeza de la Resurrección del Señor, de tener a Dios compartiendo día a día el camino con nosotros.
El próximo domingo, contemplaremos a Jesús enfrentado a las tentaciones de su vida, como también nosotros lo hacemos con las nuestras.
Él nos demuestra que es hombre de criterios bien cimentados, que sabe en Quien confía y que tiene el corazón puesto en lo esencial.
Con los ojos fijos en Él, comenzamos este camino. De su Mano lo recorremos.
Que tengan una buena semana.
Domingo 28/02/10
ResponderEliminarII de Cuaresma.
Quiero llegar hasta cada uno de ustedes con el comentario de José Antonio Pagola al evangelio del próximo domingo.
En el camino cuaresmal somos invitados a escuchar al Hijo amado. Es una invitación que nos propone parar y preguntarnos qué me está diciendo a mí Jesús con insistencia en este hoy que vivo, qué actitudes suyas soy invitado a manifestar, qué esfuerzo se me pide para bajar de “mis montañas” y ser reflejo de Él en lo que vivo y hago.
ESCUCHAR SOLO A JESÚS
La escena es considerada tradicionalmente como "la transfiguración de Jesús". No es posible reconstruir con certeza la experiencia que dio origen a este sorprendente relato. Sólo sabemos que los evangelistas le dan gran importancia pues, según su relato, es una experiencia que deja entrever algo de la verdadera identidad de Jesús.
En un primer momento, el relato destaca la transformación de su rostro y, aunque vienen a conversar con él Moisés y Elías, tal vez como representantes de la ley y los profetas respectivamente, sólo el rostro de Jesús permanece transfigurado y resplandeciente en el centro de la escena.
Al parecer, los discípulos no captan el contenido profundo de lo que están viviendo, pues Pedro dice a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Coloca a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a los dos grandes personajes bíblicos. A cada uno su tienda. Jesús no ocupa todavía un lugar central y absoluto en su corazón.
La voz de Dios le va a corregir, revelando la verdadera identidad de Jesús: «Éste es mi Hijo, el escogido», el que tiene el rostro transfigurado. No ha de ser confundido con los de Moisés o Elías, que están apagados. «Escuchadle a él». A nadie más. Su Palabra es la única decisiva. Las demás nos han de llevar hasta él.
Es urgente recuperar en la Iglesia actual la importancia decisiva que tuvo en sus comienzos la experiencia de escuchar en el seno de las comunidades cristianas el relato de Jesús recogido en los evangelios. Estos cuatro escritos constituyen para los cristianos una obra única que no hemos de equiparar al resto de los libros bíblicos.
Hay algo que sólo en ellos podemos encontrar: el impacto causado por Jesús a los primeros que se sintieron atraídos por él y le siguieron. Los evangelios no son libros didácticos que exponen doctrina académica sobre Jesús. Tampoco biografías redactadas para informar con detalle sobre su trayectoria histórica. Son "relatos de conversión" que invitan al cambio, al seguimiento a Jesús y a la identificación con su proyecto.
Por eso piden ser escuchados en actitud de conversión. Y en esa actitud han de ser leídos, predicados, meditados y guardados en el corazón de cada creyente y de cada comunidad. Una comunidad cristiana que sabe escuchar cada domingo el relato evangélico de Jesús en actitud de conversión, comienza a transformarse. No tiene la Iglesia un potencial más vigoroso de renovación que el que se encierra en estos cuatro pequeños libros.
José Antonio Pagola
28 de febrero de 2010
2 Cuaresma (C)
7 de Marzo de 2010
ResponderEliminarIII Domingo de Cuaresma (C)
En el evangelio del próximo domingo contemplamos a un viñador enamorado de su viña, creyendo en ella, esperando en ella, a pesar de no dar fruto.
En una sociedad en la que nos envuelven los apuros, los resultados inmediatos, y la necesidad de respuesta eficaz a los objetivos marcados; tener paciencia, confianza, esperanza en lo que el otro puede llegar a ser y a hacer con un poco de nuestra ayuda, parece estilo de otros tiempos.
Ojalá no perdamos esta actitud del viñador enamorado de su viña, que va más allá de lo eficaz y de lo inmediato, comprometido con la suerte de su viña.
Domingo 14 de Marzo de 2010
ResponderEliminarIV Cuaresma (C)
EL OTRO HIJO
Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús es la del "padre bueno", mal llamada "parábola del hijo pródigo". Precisamente este "hijo menor" ha atraído siempre la atención de comentaristas y predicadores. Su vuelta al hogar y la acogida increíble del padre han conmovido a todas las generaciones cristianas.
Sin embargo, la parábola habla también del "hijo mayor", un hombre que permanece junto a su padre, sin imitar la vida desordenada de su hermano, lejos del hogar. Cuando le informan de la fiesta organizada por su padre para acoger al hijo perdido, queda desconcertado. El retorno del hermano no le produce alegría, como a su padre, sino rabia: «se indignó y se negaba a entrar» en la fiesta. Nunca se había marchado de casa, pero ahora se siente como un extraño entre los suyos.
El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha acogido a su hermano. No le grita ni le da órdenes. Con amor humilde «trata de persuadirlo» para que entre en la fiesta de la acogida. Es entonces cuando el hijo explota dejando al descubierto todo su resentimiento. Ha pasado toda su vida cumpliendo órdenes del padre, pero no ha aprendido a amar como ama él. Ahora sólo sabe exigir sus derechos y denigrar a su hermano.
Ésta es la tragedia del hijo mayor. Nunca se ha marchado de casa, pero su corazón ha estado siempre lejos. Sabe cumplir mandamientos pero no sabe amar. No entiende el amor de su padre a aquel hijo perdido. Él no acoge ni perdona, no quiere saber nada con su hermano. Jesús termina su parábola sin satisfacer nuestra curiosidad: ¿entró en la fiesta o se quedó fuera?
Envueltos en la crisis religiosa de la sociedad moderna, nos hemos habituado a hablar de creyentes e increyentes, de practicantes y de alejados, de matrimonios bendecidos por la Iglesia y de parejas en situación irregular... Mientras nosotros seguimos clasificando a sus hijos, Dios nos sigue esperando a todos, pues no es propiedad de los buenos ni de los practicantes. Es Padre de todos.
El "hijo mayor" es una interpelación para quienes creemos vivir junto a él.
José Antonio Pagola.
Lucas, 15, 1-3.11-32
Domingo 21 de Marzo de 2010
ResponderEliminarV de Cuaresma (C)
Una semana más llego hasta cada uno de Ustedes con el Comentario de José Antonio Pagola al Evangelio del próximo domingo.
La actitud de Jesús nos produce descanso y anchura de corazón, porque nos ofrece un lugar donde no somos condenados por lo que hacemos o dejamos de hacer, sino abrazados en lo que somos y animados a seguír caminando y viviendo de la misma manera que Él.
Le presentan a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Todos conocen su destino: será lapidada hasta la muerte según lo establecido por la ley. Nadie habla del adúltero. Como sucede siempre en una sociedad machista, se condena a la mujer y se disculpa al varón. El desafío a Jesús es frontal: «La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú ¿qué dices?».
Jesús no soporta aquella hipocresía social alimentada por la prepotencia de los varones. Aquella sentencia a muerte no viene de Dios. Con sencillez y audacia admirables, introduce al mismo tiempo verdad, justicia y compasión en el juicio a la adúltera: «el que esté sin pecado, que arroje la primera piedra».
Los acusadores se retiran avergonzados. Ellos saben que son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad. Entonces Jesús se dirige a la mujer que acaba de escapar de la ejecución y, con ternura y respeto grande, le dice: «Tampoco yo te condeno». Luego, la anima a que su perdón se convierta en punto de partida de una vida nueva: «Anda, y en adelante no peques más».
Así es Jesús. Por fin ha existido sobre la tierra alguien que no se ha dejado condicionar. Alguien libre y magnánimo que nunca odió ni condenó, nunca devolvió mal por mal. En su defensa y su perdón a esta adúltera hay más verdad y justicia que en nuestras reivindicaciones y condenas resentidas.
Los cristianos no hemos sido capaces todavía de extraer todas las consecuencias que encierra la actuación liberadora de Jesús frente a la opresión de la mujer. Desde una Iglesia dirigida e inspirada mayoritariamente por varones, no acertamos a tomar conciencia de todas las injusticias que sigue padeciendo la mujer en todos los ámbitos de la vida. Algún teólogo hablaba hace unos años de "la revolución ignorada" por el cristianismo.
Lo cierto es que, veinte siglos después, en los países de raíces supuestamente cristianas, seguimos viviendo en una sociedad donde con frecuencia la mujer no puede moverse libremente sin temer al varón. La violación, el maltrato y la humillación no son algo imaginario. Al contrario, constituyen una de las violencias más arraigadas y que más sufrimiento genera.
¿No ha de tener el sufrimiento de la mujer un eco más vivo y concreto en nuestras celebraciones, y un lugar más importante en nuestra labor de concienciación social? Pero, sobre todo, ¿no hemos de estar más cerca de toda mujer oprimida para denunciar abusos, proporcionar defensa inteligente y protección eficaz?
José Antonio Pagola
28 de marzo de 2010
ResponderEliminarDomingo de Ramos (C)
¿QUÉ HACE DIOS EN UNA CRUZ?
Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado sobre la colina del Gólgota se burlaban de él y, riéndose de su impotencia, le decían: «Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz». Jesús no responde a la provocación. Su respuesta es un silencio cargado de misterio. Precisamente porque es Hijo de Dios permanecerá en la cruz hasta su muerte.
Las preguntas son inevitables: ¿Cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Nos damos cuenta de lo que estamos diciendo? ¿Qué hace Dios en una cruz? ¿Cómo puede subsistir una religión fundada en una concepción tan absurda de Dios?
Un "Dios crucificado" constituye una revolución y un escándalo que nos obliga a cuestionar todas las ideas que los humanos nos hacemos de un Dios al que supuestamente conocemos. El Crucificado no tiene el rostro ni los rasgos que las religiones atribuyen al Ser Supremo.
El "Dios crucificado" no es un ser omnipotente y majestuoso, inmutable y feliz, ajeno al sufrimiento de los humanos, sino un Dios impotente y humillado que sufre con nosotros el dolor, la angustia y hasta la misma muerte. Con la Cruz, o termina nuestra fe en Dios, o nos abrimos a una comprensión nueva y sorprendente de un Dios que, encarnado en nuestro sufrimiento, nos ama de manera increíble.
Ante el Crucificado empezamos a intuir que Dios, en su último misterio, es alguien que sufre con nosotros. Nuestra miseria le afecta. Nuestro sufrimiento le salpica. No existe un Dios cuya vida transcurre, por decirlo así, al margen de nuestras penas, lágrimas y desgracias. Él está en todos los Calvarios de nuestro mundo.
Este "Dios crucificado" no permite una fe frívola y egoísta en un Dios omnipotente al servicio de nuestros caprichos y pretensiones. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento, el abandono y el desamparo de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias. Con este Dios nos encontramos cuando nos acercamos al sufrimiento de cualquier crucificado.
Los cristianos seguimos dando toda clase de rodeos para no toparnos con el "Dios crucificado". Hemos aprendido, incluso, a levantar nuestra mirada hacia la Cruz del Señor, desviándola de los crucificados que están ante nuestros ojos. Sin embargo, la manera más auténtica de celebrar la Pasión del Señor es reavivar nuestra compasión. Sin esto, se diluye nuestra fe en el "Dios crucificado" y se abre la puerta a toda clase de manipulaciones. Que nuestro beso al Crucificado nos ponga siempre mirando hacia quienes, cerca o lejos de nosotros, viven sufriendo.
José Antonio Pagola.
Ayer comenzamos la Semana Santa, Semana en la que queremos hacernos más conscientes del Misterio de Sufrimiento y de Amor de nuestro Dios, un Amor hasta el extremo.
ResponderEliminarQue a lo largo de estos días hagamos memoria agradecida de tantos gestos de amor que recibimos y que ofrecemos. Que cada uno de ellos sea bendición de Dios, fuente de Su Vida para quienes comparten la vida con nosotros.
¿DÓNDE BUSCAR AL QUE VIVE?
4 de abril de 2010
Domingo de Resurrección (C)
La fe en Jesús, resucitado por el Padre, no brotó de manera natural y espontánea en el corazón de los discípulos. Antes de encontrarse con él, lleno de vida, los evangelistas hablan de su desorientación, su búsqueda en torno al sepulcro, sus interrogantes e incertidumbres.
María de Magdala es el mejor prototipo de lo que acontece probablemente en todos. Según el relato de Juan, busca al crucificado en medio de tinieblas, «cuando aún estaba oscuro». Como es natural, lo busca «en el sepulcro». Todavía no sabe que la muerte ha sido vencida. Por eso, el vacío del sepulcro la deja desconcertada. Sin Jesús, se siente perdida.
Los otros evangelistas recogen otra tradición que describe la búsqueda de todo el grupo de mujeres. No pueden olvidar al Maestro; su amor las lleva hasta el sepulcro. No encuentran allí a Jesús, pero escuchan el mensaje que les indica hacia dónde han de orientar su búsqueda: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado».
La fe en Cristo resucitado no nace tampoco hoy en nosotros de forma espontánea, sólo porque lo hemos escuchado desde niños a catequistas y predicadores. Para abrirnos a la fe en la resurrección de Jesús, hemos de hacer nuestro propio recorrido. Es decisivo no olvidar a Jesús, amarlo con pasión y buscarlo con todas nuestras fuerzas, pero no en el mundo de los muertos. Al que vive hay que buscarlo donde hay vida.
Si queremos encontrarnos con Cristo resucitado, lleno de vida y de fuerza creadora, lo hemos de buscar, no en una religión muerta, reducida al cumplimiento y la observancia externa de leyes y normas, sino allí donde se vive según el Espíritu de Jesús, acogido con fe, con amor y con responsabilidad por sus seguidores.
Lo hemos de buscar, no entre cristianos divididos y enfrentados en luchas estériles, vacías de amor a Jesús y de pasión por el Evangelio, sino allí donde vamos construyendo comunidades que ponen a Cristo en su centro porque, saben que «donde están reunidos dos o tres en su nombre, allí está él».
Al que vive no lo encontraremos en una fe estancada y rutinaria, gastada por toda clase de tópicos y fórmulas vacías de experiencia, sino buscando una calidad nueva en nuestra relación con él y en nuestra identificación con su proyecto. Un Jesús apagado e inerte, que no enamora ni seduce, que no toca los corazones ni contagia su libertad, es un "Jesús muerto". No es el Cristo vivo, resucitado por el Padre. No es el que vive y hace vivir.
José Antonio Pagola
Acción conjunta Forum Libertas-E-Cristians.
ResponderEliminar¡Sacerdotes, ánimo! Os necesitamos
Sacerdotes ánimo. Os necesitamos. Confiamos en vosotros. Os confiamos a nuestros hijos. Existe una campaña que quiere presentar como normal lo que son hechos excepcionales acumulados a lo largo del tiempo, manipulando datos y sucesos. La verdad siempre se impone. Por eso pedimos ánimo y renovamos nnuestra confianza en todos vosotros y en nuestro pastor Benedicto XVI.
Este mensaje o cualquier otro parecido que compongas, hazlo llegar a cuantos sacerdotes y parroquias tengas a tu alcance. Difúndelo además, para que amigos y familiares hagan lo mismo. Si te mueves en las distintas redes sociales aprovecha para difundirlo.
Si conoces otras lenguas, tradúcelo y recréalo, y difúndelo. Que una ola de confianza en nuestros sacerdotes y en el Papa llene el mundo.